curso malos tratos y violencia de genero
curso malos tratos

INDICADORES DE MALOS TRATOS:

* Físicos: Empujones, tirones de pelo, bofetadas, palizas, golpes, quemaduras, contusiones superficiales como inflamaciones, derrames, contusiones profundas como hematomas y roturas, mordeduras, heridas, fracturas, cortes, arañazos...
* Psíquicos: Humillación intensa y continuada, ridiculaciones, criticas, desaprobación, control de sus actuaciones, amenazas, insultos, intimidación, privación de necesidades básicas que da lugar a:

 

- Sintomatología ansiosa: mareos, temblores, escalofríos, miedo a morir, sudoración, miedo a volverse loco.
- Sintomatología depresiva: poco apetito, insomnio, pérdida de energía, disminución de la autoestima, falta de concentración, intentos de suicidio.

 

* Sexuales: Fisuras anales, dolor genital, hematomas o heridas, contusiones... Comentarios obscenos, exhibicionismo forzado, relaciones obligadas, violación, actos dolorosos, actos humillantes...

 

¿CÓMO EXPLICARLO?:

Desde fuera resulta muy difícil entender porqué soportamos una convivencia bajo una clima de violencia o que algunas mujeres vuelven a la misma situación después de haber conseguido dar el paso de abandonar a su agresor. Son múltiples causas no sólo se produce a nivel económico sino también afectivo y emocional.

La teoría más tradicional sería la existencia de una violencia de género, es decir los mecanismos de control del hombre sobre la mujer. Desde esta teoría se explicaría la desigualdad existente entre un género dominante (masculino) y otro el sometido (femenino). La violencia de género es aquella que afecta a la mujer en tanto que es mujer, por su condición de «mujer» no como persona individual. Se define en términos de las estructuras de discriminación que sostienen y perpetúan las desigualdades entre hombres y mujeres. El análisis de género supone abarcar un conjunto de situaciones, hechos y dinámicas sociales vinculadas a la condición femenina en el mundo actual, tanto en lo que tiene que ver con desarrollo social, económico, cultural y político de la mujer en sí mismo como con respecto a los hombres.

Podemos diferenciar distintos niveles donde se origina la violencia:

- Nivel del macrosistema:

- Organización social: A mayor desigualdad y menor equivalencia en el reparto de funciones, responsabilidades y decisiones, mayor es el poder que se ejercerá contra las mujeres y mayor es el grado de violencia que padecen.
 - Organización del trabajo: Se diferencian las tareas según el sexo, con lo que es propio del hombre y lo que es propio de la mujer.
- Sistema de creencias: Debido a la desigualdad en el reparto de las funciones y recursos económicos, se interiorizan una serie de definiciones sociales estereotipadas.
- Modelos culturales: Se transmiten estereotipos de generación en generación. Así se defiende la existencia de diferencias «naturales», la mayor agresividad y tendencia a hacer el bruto por parte del hombre y la mayor pasividad de las mujeres.

- Nivel del microsistema:

- Modelos familiares.
- Las relaciones de pareja.

El conjunto de todas estas determinaciones afecta a las personas concretas. La familia de corte patriarcal se caracteriza por la distribución de los roles y funciones claramente establecida. Se basa en relaciones asimétricas de poder de decisión. Cuando la mujer se incorporó al trabajo, el patriarcado sufrió una crisis por el cambio de diseño de la familia. La generalización de este nuevo modelo de familia podría disminuir la posibilidad de sufrir malos tratos.

- Nivel personal:

- Cogniciones: La percepción y conceptualización de la realidad es determinante en nuestras cogniciones. Los esquemas de género estereotipados afectan a la interpretación, formando percepciones sesgadas favoreciendo un trato desigual entre hombres y mujeres. Estos estereotipos se consolidarían en conductas y actitudes acentuando estos estereotipos. Cuanto más estereotipos de género haya más posibilidades de violencia.

Cuando las personas perciben y conceptualizan el mundo de una manera desigual, se genera diferentes comportamientos.

- Afectivo: Cuando un menor sufre cualquier tipo de agresión aumentan las posibilidades de que en un futuro llegue a actuar de forma violenta. Se ha criticado a las madres por ser muy protectoras, por ser demasiados exigentes, o demasiados distantes... ¡uno no sabe como hacerlo bien!. El reparto equitativo de la atención física y psicológica de los padres y de la familia produce adultos menos violentos.

- Biopsicológico: Algunos estudios hablan de que existe un componente bioquímico que altera las conductas pero otros se inclinan por la respuesta aprendida, donde los hombres tendrían la necesidad de mostrar dominio, tanto si lo tienen como si no.

Para eliminar esta violencia de género habría que:

- Producir cambios en la organización social/sexual encaminada a generar igualdad de oportunidades.
- Transformar la división del trabajo para generar un reparto equilibrado.
- Transformar los estereotipos trasmitiendo actitudes más tolerantes.
- Transformar las relaciones familiares y de pareja propiciando una toma de decisiones compartida, distribución de tareas, funciones equilibradas en el afecto y cuidado de los hijos...
- Desarrollar un uso adecuado de las emociones sin que la autoafirmación suponga la humillación del otro.

«Los hombres violentos no maltratan sólo cuando se sienten los amos, sino cuando temen dejar de serlo» (Las violencias cotidianas cuando las víctimas son las mujeres. Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales).

Se espera la desaparición de la violencia, sólo explicándola de manera unidimensional, por la explotación de unos colectivos sobre otros. Se ha demostrado que estas teorías reduccionistas han sido desmentidas ya que existen múltiples variables que afectan. La violencia que padecen las mujeres no puede describirse ni explicarse sólo a nivel de las agresiones que reciben en razón de su género ni por factores sólo referidos a la desigualdad entre los géneros.

Intentar explicar que causas motivan un posible comportamiento agresivo del hombre hacia la mujer no puede servirse únicamente de datos simples Es necesario partir de puntos de vista amplios. Así pues, tales comportamientos agresivos no pueden encontrar explicación sólo en rasgos independientes como pueden ser el «machismo» del agresor, su dependencia del alcohol, o su situación de paro prolongado. Es lógico también que no todos los factores se presenten en todos los casos de igual forma, pero si puede afirmarse que en gran parte de las situaciones inciden todos ellos. Habrá que tener en cuenta factores socio-culturales, factores socio-económicos, factores relacionales próximos:

El factor socio-cultural juega una vital importancia en la determinación de las causas que provocan la conducta agresiva dirigida a la mujer. El ser humano nace con una sexualidad definida como hombre o mujer. Pero, otro de aspecto que define y distingue a unos individuos de otros, y que no presentan una dependencia biológica y natural, es el referido al género masculino o femenino. El género supone todo el conjunto de comportamientos sociales individuales externos asignados al individuo en función de su sexualidad. Cada género, se encuentra definido por un conjunto de caracteres constituidos o definidos en el entorno social en el que el individuo se desenvuelve y que responden a motivaciones de carácter cultural. La propia cultura y sus ca racterísticas definen al propio género.

El factor socioeconómico atiende a la forma en la que las características socio-económicas influyen en el posible desencadenamiento de actos violentos, tanto de forma directa como indirecta. En la actualidad, el empleo ejerce un papel importante ya que constituye en la actual sociedad la forma de participación social, tanto a nivel productivo como en lo relacionado con el consumo.

Los factores relacionales próximos se refieren a la relación preexistente entre la víctima y el agresor, circunstancia que se produce con mucha frecuencia en el caso de las violaciones, en el acoso y en el maltrato como constitutivo de la relación afectivo-sentimental. Uno de estos factores fundamentales, lo constituye la familia. La familia es el lugar donde se desarrollan las diferentes agresiones a la mujer. Se trata de familias con problemas de comunicación, con dificultad para expresar y manifestar su afectividad y con una interpretación particular del orden familiar. No es de extrañar que alguno de ellos haya sido víctima o testigo de malos tratos durante su infancia o adolescencia, lo que provoca un círculo de violencia difícil de romper.
 
Algunos teóricos han tratado de explicar los vínculos paradójicos entre víctima y agresor, apelando a claves afectivas o emocionales que aparecen en el contexto del entorno traumático. Saber porque se produce la reacción paradójica de desarrollar un vínculo afectivo todavía más fuerte con sus agresores, defendiendo sus razones, retirando denuncias policiales o deteniendo procesos judiciales en marcha al declarar a favor de sus agresores antes de que sean condenados.

Dutton y Painter (1981) han descrito un escenario en el que dos factores, el desequilibrio de poder y la intermitencia en el tratamiento bueno-malo, generan en la mujer maltratada el desarrollo de un lazo traumático que la une con el agresor a través de conductas de docilidad. Según Dutton y Painter, el abuso crea y mantiene en la pareja una dinámica de dependencia debido a su efecto asimétrico sobre el equilibrio de poder, siendo el vínculo traumático producido por la alternancia de refuerzos y castigos. Sin embargo, esta teoría descansa aparentemente sobre la base del condicionamiento instrumental.

Actualmente se ha desarrollado un modelo teórico denominado Síndrome de Estocolmo. La hipótesis, (presentada bajo el título «Featuring domestic stockholm síndrome. A cognitive bond of protection in battered women» en el XIV Congreso de la International Society for Research on Agresión) trata de exponer una estructura secuencial de reacciones psicofisiológicas que, de un modo dinámico, acaban por generar en la mujer una variante del Síndrome de Estocolmo clásico (Montero, 2000).

Sería un vinculo interpersonal de protección construido entre la víctima y su agresor, en el marco de un ambiente traumático y de restricción estimular, a través del modelo mental de creencias y esquemas mentales del agresor. Dicen que nosotras desarrollamos el síndrome para proteger nuestra propia integridad psicológica, para adaptarnos al trauma y suspender el juicio critico recuperando así la homeostasis fisiológica y conductual.

Esta podría ser una explicación para aquellas mujeres maltratas que desarrollan un efecto paradójico defendiendo a sus compañeros, como si la conducta agresiva se debiese a una sociedad injusta, siendo ellos las víctimas de un entorno violento que les empuja a ser violentos.

Vendría determinada por un patrón de cambios cognitivos, su funcionalidad adaptativa como resultado de un proceso reactivo de la víctima ante la situación traumática. El proceso abarcaría cuatro fases:

- Fase desencadenante: Los primeros malos tratos rompen el espacio de seguridad previamente construido poro la pareja sobre la base de una relación afectiva. En este espacio es donde la mujer ha depositado su confianza y expectativas. Esta ruptura desencadenaría en un patrón de desorientación, pérdida de referentes, reacciones de estrés, síntomas depresivos...

- Fase de reorientación: La mujer busca nuevos referentes de futuro y trata de efectuar un reordenamiento de esquemas cognitivos evitando la disonancia entre su conducta, el compromiso con la pareja y la situación traumática. Pero sus relaciones suelen ser pocas y generalmente sólo tiene el apoyo de la familia. Tiene una percepción de la realidad desvirtuada donde se autoinculpa de la situación y entra en un estado de indefensión.

- Fase de afrontamiento: La mujer se autoinculpa de la situación y entra en un estado de indefensión y resistencia pasiva, donde asume el modelo mental de su esposo y vías de protección de su integridad psicológica, tratando de manejar la situación traumática.

- Fase de adaptación: La mujer proyecta la culpa hacia otros, hacia el exterior. El síndrome de Estocolmo doméstico se consolida a través de un proceso de identificación y alrededor del modelo mental explicativo del compañero acerca de la situación y sobre las relaciones causales que la originan.

Las mujeres maltratadas afectadas sobre la explicación de sus compañeros, retardan indefinidamente la denuncia, observándose una gran proporción de casos de agresión en este ámbito, que no salen del entorno donde se producen, por la incapacidad de la víctima de denunciar los hechos. Incluso en muchas ocasiones las denuncias por vía penal son retiradas por las víctimas, antes de que se produzcan sanciones para los agresores, creándose un circulo vicioso que mantiene las agresiones y sume a la víctima en un progresivo estado de deterioro personal.

Esta teoría falla en algunos aspectos como la intermitencia e incertidumbre de la violencia es un elemento en el desarrollo del vinculo, pero no seria la única causa. Además esta teoría no considera que el desequilibrio de poder en cierta medida inherente a muchas relaciones humanas. En las parejas traumáticas no parecer ser una consecuencia sino un antecedente del abuso.

Otro modelo que busca una explicación para el comportamiento paradójico de las mujeres maltratadas es el tratamiento factorial de Graham sobre reacciones tipo síndrome de Estocolmo en mujeres jóvenes que mantienen relaciones de noviazgo (Graham, Rawlings, Ihms, Latimer, Foliano, Thompson, Suttman, Farrington y Hacker, 1995).

Está basada en la idea de que el síndrome es el producto de un tipo de estado disociativo que lleva a la víctima a negar la parte violenta del comportamiento del agresor mientras desarrolla un vínculo con el lado que percibe más positivo, ignorando así sus propias necesidades y volviéndose hipervigilante ante las de su agresor (Graham y Rawlings, 1991). Sin embargo, mientras esta explicación puede ser válida para describir alguno de los procesos globales implicados en el síndrome, no proporciona una hipótesis teórica sobre la naturaleza del proceso traumático más allá de algunos de sus elementos constituyentes.


Lanore Walker después de hablar con un sin número de hombres y mujeres sobre sus relaciones defiende que existe un ciclo de violencia, que cada pareja lo experimenta de su propia manera. En este proceso de violencia los ataques acaban siendo cada vez más frecuentes, más intensos y peligrosos. Los episodios de malos tratos no se producen constantemente sino dentro de un ciclo con 3 fases:

- Al principio la acumulación de la tensión es la característica del hombre maltratador. Se muestra irritante y no reconoce su enfado, comienzan los insultos, las primeras demostraciones de violencia, manifiesta hostilidad. Cualquier circunstancia o incidente lo pone violento. Las agresiones son leves y los incidentes poco frecuentes. En esta etapa existe una tensión como resultado de discusiones, de actitudes, comportamientos o su combinación.

Provoca en su compañera sentimientos de frustración pero aún posee un mínimo de control sobre la frecuencia y severidad de la agresión. Todo comienza con sutiles menosprecios, ira contenida, indiferencia, sarcasmos... Posiblemente ella intente calmarlo o evitar hacer cosas que lo pudiesen molestar, creyendo equivocadamente, que lo puede controlar. Algunas parejas no pasan de esta fase y entran en una guerra de desgaste sin llegar nunca a la violencia física.

Cuantas más veces se complete el ciclo, menos tiempo tardará en volver a iniciarse. Por ejemplo al inicio de una relación pueden pasar 1 o 2 años en completar las 3 etapas del ciclo. Diez años después en completar las etapas puede pasar solo 1 mes.

- Le sucede la fase de explosión violenta, marcada por la pérdida total del control y el comienzo de las agresiones. Los incidentes comienzan a ser periódicos y las lesiones más graves.. La iniciada tensión va aumentando hasta que se producen comportamientos violentos graves en forma de abusos físicos, psíquicos, sexuales... Se trata de una descarga incontrolada de la tensión acumulada.

La mujer es incapaz de reaccionar, está paralizada por el dolor o por la dificultad de encontrar una respuesta a estas actitudes. Ya no intentara evitar las situaciones que desencadenan la violencia y sólo espera que pase lo antes posible.

Cuanto más se complete el ciclo ininterrumpidamente más violento será.

Por ejemplo, al comienzo de la relación de violencia, consiste en bofetadas o empujones, diez años después, se convierten en huesos rotos.

- Por último se llega a la etapa de luna de miel o arrepentimiento o conciliación, sobre todo cuando ella amenaza con romper la relación, el agresor se arrepiente de su actitud, promete no volver a hacerlo y reparar el daño causado, cambia para contentarla y durante un tiempo se comporta como ella espera.

La mujer se siente reforzada, cree, erróneamente, que ha logrado que su compañero le comprenda. A esta falsa ilusión sigue un nuevo ciclo de tensiones en el momento que considera que esta perdiendo control sobre ella. Cuanto más tiempo continúe el ciclo ininterrumpidamente, la tercera etapa será mas corta. Por ejemplo al comienzo de la relación demuestra estar arrepentido y promete que no volverá a pasar, diez años después no expresa su arrepentimiento. La fase de tensión comienza inmediatamente después de la violencia, con lo que la etapa de arrepentimiento desaparece.

El carácter repetitivo y cíclico de estas fases de violencia y arrepentimiento parecen atrapar definitivamente a las mujeres en una red de violencia y agresión donde cada vez se van acortando los ciclos. Se agrava con el tiempo y se transmite de generación en generación (proyección vertical) extendiéndose a otros miembros de la familia (proyección horizontal), tanto por parte del agresor como del agredido.

Los periodos de afecto y amor se alternan con periodos de violencia y agresividad. Cada vez son más los momentos de tensión y agresión y menos los de arrepentimiento.

La agresión puede desencadenarse por una actitud, una conducta o una palabra interpretada por el agresor como una amenaza a su autoridad o a su autoestima. Los actos violentos pueden ser a menudo una autoafirmación de su identidad.

Según los especialistas, existen tres momentos clave en la relación de pareja que preceden al inicio de la violencia: Inmediatamente después del inicio de la convivencia o matrimonio, durante el primer embarazo, y tras el nacimiento del primer hijo, probablemente porque provoca cambios significativos en la dinámica de relación familiar.

Este síndrome se caracteriza por:

- Indefensión aprendida: Al fracasar en el intento por contener las agresiones, y en un contexto de baja autoestima reforzado por su incapacidad por acabar con la situación, la mujer termina asumiendo las agresiones como un castigo que merece.
- Pérdida del control: convicción de que la solución a las agresiones le son ajenas, la mujer se torna pasiva y espera las directrices de terceras personas.
- Baja respuesta conductual: La mujer decide no buscar más estrategias para evitar las agresiones y su respuesta ante los estímulos externos es pasiva. Su aparente indiferencia le permite culpabilizarse menos por las agresiones que sufre pero también limita de capacidad de oponerse.
- Identificación con el agresor: La víctima cree merecer las agresiones e incluso justifica, ante críticas externas, la conducta del agresor. La intermitencia de las agresiones y el paso constante de la violencia al afecto, refuerza las relaciones de dependencia por parte de la mujer maltratada, que empeoran cuando la dependencia también es económica.

Este ciclo explicaría porque algunas mujeres deciden retiran su denuncia, que interponen en la fase de agresión pero que al arrepentirse el hombre, la retira esperando que pueda cambiar.     

Otros autores le llaman a este ciclo de la violencia Síndrome de Agresión a la Mujer (SIMAM):

Toda conducta humana tiene dos componentes fundamentales, el instrumental y el afectivo o emocional. El primero hace referencia a la motivación de la conducta que se realiza y va dirigido a la consecución de unos objetivos más o menos determinados; el componente afectivo dota de una carga emocional a la realización de esa conducta.

En el caso de la agresión a la mujer el análisis demuestra que en el componente instrumental no existe un objetivo concreto ni delimitado, existiendo una gran desproporción entre la conducta en sí y el resultado respecto a los motivos que la desencadenan o a los objetivos que pretenden conseguir, que finalmente demuestran que sólo pretenden mantener la posición de superioridad el hombre y al subordinación de la mujer.
 
El contexto que posibilita y permite este tipo de conductas por parte del hombre es lo suficientemente complejo y difuso, y está lo bastante entremezclado con otras normas y valores de la sociedad como para que resulte difícil delimitarlo.

El agresor y la víctima se encuentran en un contexto individual estrechamente relacionado con las circunstancias de la pareja, tanto en lo que se refiere a la personalidad de cada uno de ellos, como al ambiente en el que se desenvuelven. Las otras esferas de influencia como contexto próximo, intermedio y lejano, van influyendo de forma más indirecta e inespecífica.
 
Entre estos factores nos encontramos con los papeles relacionados con cada uno de los géneros, las normas culturales, las creencias sociales, especialmente en los relacionado con la educación en general que se da al hombre y a la mujer, la relación de estos hechos con factores como el desempleo o los problemas económicos.
 
Todo ello no sólo crea un ambiente propicio para originar y canalizar la agresividad del hombre hacia la mujer en forma de violencia, sino que además actúa como mecanismo de control.
Tal y como destaca Elena Larrauri (Larrauri, E. -comp-: Mujeres y Derecho Penal. Siglo XXI de España Editores, S.A. Madrid, 1994) se ejerce un control:

- INFORMAL por medio de las normas sociales y definido como «todas aquellas respuestas de que suscitan determinados comportamientos que vulneran las normas sociales que no cumplen las expectativas de comportamiento asociadas a un determinado género o rol». Este control existe en toda la sociedad ( control doméstico, médico, mundo laboral).
- FORMAL representado por el propio derecho penal, donde la autora encuentra un tratamiento distinto de la mujer, en la propia norma o en las posibilidades de su aplicación.
 
Estas circunstancias nos han permitido a Lorente definir el Síndrome de agresión a la mujer (Lorente Acosta, M. y Lorente Acosta J. A.: Agresión a la mujer: Maltrato, violación y acoso. Editorial Comares. Granda, 1998) como:

«Agresiones sufridas por la mujer como consecuencia de los condicionantes socioculturales que actúan sobre el genero masculino y femenino, situándola en una posición de subordinación al hombre, y manifestada en los tres ámbitos básicos de relación de la persona: maltrato en el medio familiar, agresión sexual en la vida en sociedad y acoso en el medio laboral».

«Conjunto de lesiones físicas y psíquicas resultantes de las agresiones repetidas llevadas a cabo por el hombre sobre su cónyuge, o mujer a la que estuviese o haya estado unido por análogas relaciones de afectividad».

El síndrome queda definido como un hecho general caracterizado por la realización de una serie de conductas agresivas hacia la mujer en las que la violencia se desarrolla bajo unas especiales circunstancias, persiguiendo unos determinados objetivos y motivado por una serie de factores comunes.

Diferencia conceptual del SIMAM respecto a otros cuadros de violencia interpersonal en los que la mujer puede ser víctima:

Puede ocurrir en el caso de la violencia familiar, dentro de la cual el maltrato a la mujer puede aparecer como una manifestación más de la situación de violencia, pero siempre con sus características autónomas. Las víctimas de este tipo de violencia no lo es sólo la mujer, sino que pueden llegar a serlo todos los miembros de la familia (hijos, ancianos, padre, madre...) del mismo modo los autores pueden ser cualquier miembro del grupo, actuando normalmente por motivos más específicos que no se ajustan a los del SIMAM.
 
El ambiente doméstico o familiar sólo es un escenario, quizá el más importante en términos de frecuencia, pero no el único.
 
El síndrome de maltrato a la mujer (SIMAM) viene definido, pues, por un cuadro lesional resultante de la interacción de los tres elementos que intervienen en las lesiones: el agresor, la víctima y las circunstancias del momento o contexto. Ello quiere decir que no toda lesión producida a una mujer debe considerarse como un síndrome de maltrato, sino que deben existir una serie de características:

* AGRESOR: El agresor es alguien que mantiene o ha mantenido una relación afectiva de pareja con la víctima.

No existe ningún dato específico ni típico en la personalidad de los agresores. Se trata de un grupo heterogéneo en el que no existe un tipo único. destaca el hecho de que el factor de riesgo más importante es haber sido testigo o víctima de violencia por parte de los padres durante la infancia o adolescencia y que entre las razones y motivaciones existentes en este tipo de hechos están la necesidad de control o de dominar a la mujer, sentimientos de poder frente a la mujer y la consideración de la independencia de la mujer como una pérdida de control del hombre. La gratificación por el uso de la violencia frente a sus parejas puede ser debida a:

- Liberación de la rabia en respuesta a la percepción de un ataque a la posición de cabeza de familia o de déficit de poder.
- Neutralización temporal de los intereses sobre dependencia o vulnerabilidad.
- Mantenimiento de la dominancia sobre la compañera o sobre la situación.
- Alcanzar la posición social positiva que tal dominación le permite.
 
* VICTIMA: En distintos estudios se encontró (KOSS y DINERO, 1989) un «perfil de riesgo», en las que el riesgo de ser maltratadas era dos veces más elevado que en el resto.

El principal factor de riesgo eran los antecedentes de abuso sexual durante la infancia y las consecuencias reflejadas como alteraciones de conducta derivadas de los mismos. Este hecho, caracteriza a ambos, al agresor y a la víctima.

HOTALING y SUGARMAN afirma que «el precipitante más influyente para la víctima es ser mujer. La victimización de las mujeres puede ser mejor comprendida como la realización de una conducta masculina».

La explicación del porqué se llega a producir una victimización tras los abusos en la infancia ha sido aportada por diferentes estudios clínicos, apuntando que el hecho de abusar sexualmente de un niño va asociado con un mayor riesgo de revictimización en fases más avanzadas de su vida por diferentes tipos de agresores, incluyendo a sus parejas.

Los clínicos han especulado que puede ser debido a una ausencia de oportunidad para desarrollar mecanismos de protección adecuados combinado con otros efectos postraumáticos, tales como la dificultad de análisis de la situación o de las personas en relación al peligro, el fatalismo relacionado a la depresión o la sensación de incapacidad y desamparo.

También puede deberse a respuestas alteradas por la amenaza de peligro, que van desde la negación y aturdimiento psíquico hasta la disociación (HERMAN,1992).


* CONTEXTO SOCIOCULTURAL: También influye las características de las normas culturales y el papel del género en la conducta:

 - La violencia funciona como un mecanismo de control social de la mujer y sirve para reproducir y mantener la dominación masculina. Los mandatos culturales, sobre los derechos y privilegios del papel del marido han legitimado históricamente un poder y dominación de este sobre la mujer.
 - La conducta violenta frente a la mujer se produce como patrones de conducta aprendidos y transmitidos de generación a generación.
 - Las normas sociales minimizan el daño producido y justifican la actuación violenta del marido.
 - El modelo de conducta sexual condicionado por el papel de los géneros también favorece en algunos casos la existencia de una actitud violenta contra la mujer .

Según la Teoría de la indefensión aprendida (Seligman 1975), las agresiones que recibe la víctima seguidas de fases de arrepentimiento y cariño, con el tiempo se viven como un estímulo aversivo porque la víctima no sabe relacionar el comportamiento del agresor y el resultado de las agresiones. La agresión y el cariño la vive como algo ajeno a ella y que se producen al azar. La víctima se siente culpable porque no es capaz de predecir las consecuencias de su conducta, no comprende si sus conductas producirán violencia o cariño. Como consecuencia final, la víctima se siente en constante peligro, con una gran ansiedad, y con el temor y la angustia de ser agredida en cualquier momento, y aprende respuestas de escape frente a estas situaciones aversivas.

De esta forma, la mujer maltratada puede continuar la relación con el agresor, desarrollando habilidades que le permitan sobrevivir. Cuando la mujer intuye que estas estrategias no le sirven, es cuando intentará escapar del agresor.

 

 

 

Imagen

 

Curso a distancia: MEDIADOR-A SOCIAL EN PREVENCION DE MALOS TRATOS Y VIOLENCIA DE GENERO 


Matricula: 
  ofertas y descuentos
Diploma acreditativo.

 

FICHA DE MATRICULA para cualquier curso


Solicitar mas informacion
 

 

 


  Tambien para Latinoamerica

 

 




ANIMACION, SERVICIOS EDUCATIVOS Y TIEMPO LIBRE



Apartado 3049 -36205 VIGO - España
Tfno/Fax.: 986-25 38 66 / Movil: 677-52 37 07 / 615-38 30 03

http://animacionservicios.wordpress.com
http://www.youtube.com/animacionservicios

 
 

 

Directorio de Cursos, Masters y Postgrados - ANIMACION, SERVICIOS EDUCATIVOS Y TIEMPO LIBRE